Pero, a diferéncia de los anteriores, no tiene la fuerza ni despierta tanto el interés. Ya sea por el tema esotérico tipo Código da Vinci o por los contínuos saltos temporales entre la edad media y la actualidad, que hacen fatigoso el seguimiento de la trama, así como la descompensación entre las dos histórias, no consigue que nos interesemos por los personajes.
Sobre la historia e los cátaros prefiero El Rey Invisible de Rosa Montero o la Sangre de los Inocentes de Julia Navarro, este último también mezcla pasado y presente.
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