De corte intimista, lo que no quiere decir aburrida gracias a la veterania de un Jean Rocheford inmenso y la frescura de una joven Aida Folch en estado de gracia. Acompañados por dos secundarias de lujo: Chus Lampreave, tan entrañable como siempre, y una Claudia Cardinale aún bella en su madurez.
A todo esto se añade una fotografía en blanco y negro, limpia y luminosa que realza la belleza de la historia.
Una autentica obra de arte.
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