Lo malo es que había pocos medios y menos presupuesto, por lo que solian salir con poca calidad técnica: mala fotografia, montaje descuidado y fallos de racor contínuos. Ni siquiera un profesional como Adolfo Marsillach pudo hacer algo decente con tan escaso material.
domingo, 1 de septiembre de 2013
FLOR DE SANTIDAD
Convertir una obra de Valle-Inclán en una película de terror cutre tiene
su mérito. Era la moda del cine español de las prostimerías del
franquismo, cuando empezaba tímidamente la apertura y el cine tocaba
temas más comprometidos. El destape y las películas de terror, así como
adaptaciones de clásico de la literatura.
Lo malo es que había pocos medios y menos presupuesto, por lo que solian salir con poca calidad técnica: mala fotografia, montaje descuidado y fallos de racor contínuos. Ni siquiera un profesional como Adolfo Marsillach pudo hacer algo decente con tan escaso material.
Lo malo es que había pocos medios y menos presupuesto, por lo que solian salir con poca calidad técnica: mala fotografia, montaje descuidado y fallos de racor contínuos. Ni siquiera un profesional como Adolfo Marsillach pudo hacer algo decente con tan escaso material.
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