Pero hasta aquí llegan los paralelismos. Está claro que ni Tony Bill es William Willer, ni James Franco es Gary Cooper. En cuanto a lo demás, parece que no ha pasado el tiempo, las escenas de vuelo no han ganado más espectacularidad en todo este tiempo pasado entre una y otra (un desperdicio de tantos años investigando nuevos efectos especiales).
En cuanto a la historia, se ve con agrado, pero no llega a emocionar y, por tanto, aunque tuvo un relativo éxito en su estreno, no llegará a ser una película para recordar.
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