Stoker es una versión manierista y abstracta de aquella pequeña joya. Llena de juegos de cámara, elipsis, imágenes buñuelianas y sobre entendidos que la hacen lenta, mórbida y presuntuosa. Con un protagonista más cercano al Anthony Perkins de Psicosis que a Joseph Cotten.
Ideal para festivales, pero aburrida.
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